A pesar de que la potencia instalada se encuentra estancada desde 2013, España se mantiene a la cabeza del mundo en el sector. Además, los objetivos para 2030 prevén la incorporación de nuevos GW y un resurgir de esta tecnología, que se perfila como el mejor complemento para la fotovoltaica.

La potencia termosolar instalada en España no varía desde 2013. Sin embargo, a pesar de que los 2,3 GW se mantienen estables, este último mes, y todo este 2019, se presenta como un buen año en producción. En total, ha supuesto un 2,67% de la electricidad total en España en los primeros ocho meses, según explican desde la Asociación Española para la Promoción de la Industria Termosolar (Protermosolar).

Este aumento de la generación supera en un 4,1% el anterior récord (el de 2015), según datos de Red Eléctrica de España. “Esto demuestra que las plantas son fiables y no se están degradando, a pesar de que muchas tienen más de 10 años de antigüedad. En este tiempo hemos mejorado en experiencia operativa. Se han reducido los tiempos de parada y arranque de las centrales y los parones por mantenimiento”, matiza Luis Crespo, presidente de Protermosolar.

Pese al parón, España, con sus 2,3 GW, se mantiene como el primer país del mundo por potencia instalada, y el sector espera seguir a la cabeza. De hecho, el Plan Nacional Integral de Energía y Clima 2021-2030 que el actual Gobierno en funciones remitió hace unos meses a Bruselas contempla la construcción de 5GW nuevos de aquí a 2030. Para, Valeriano Ruiz, ex catedrático de Termodinámica en la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla, existen varios factores que pueden influir a la hora de conseguir estos propósitos marcados por el sector. El experto apunta al apoyo institucional español como el principal, que “aunque parezca un poco presuntuoso, está completamente justificado, pues ni al Gobierno ni al resto de organizaciones les conviene perder el liderazgo que seguimos teniendo en estas tecnologías y que nuestras empresas y centros de investigación mantengan su prestigio internacional”.

Más en líneas generales, el plan prevé que para 2030 el peso de las renovables sea del 42% sobre el uso final de energía. La potencia limpia total deberá alcanzar 157 GW, de los que 50 serán eólicos y 37 fotovoltaicos; 27 GW ciclos combinados de gas; 16 GW hidráulica; 8 GW de bombeo; 7 GW solar termoeléctrica, y 3 GW nuclear…

En el caso de la solar termoeléctrica pasaría de cubrir el 1,6% del total de la demanda (con los datos de 2018) a un 4,6%. La fotovoltaica será la que más crezca, pasando del 2,9% a un 19% (la eólica lo hará del 18,2 al 34% y el conjunto de las renovables pasarán del 38’1 actual al 74%). Y es precisamente el crecimiento exponencial de la fotovoltaica lo que ayudará a la solar termoeléctrica. También lo hará el objetivo de Europa de descarbonizar su economía para 2050. Y es que la meta que se ha fijado el sector de la solar termoeléctrica es la de servir de apoyo a la producción fotovoltaica y eólica durante la noche –como energía de base– y, al mismo tiempo, sustituir a las centrales de gas natural.

“Una de las ventajas que tiene esta tecnología es la gran capacidad de almacenar energía. Esto le permite generar energía renovable una vez cae el sol. Es lo mejor que podemos hacer por el sistema; ser la fuente de respaldo. La fotovoltaica deja de producir a partir de las 20.00 h, justo cuando empiezan los picos de demanda en los hogares. Los tanques de sales de la solar termoeléctrica almacenan el calor producido por los espejos durante muchas horas y permiten volcar energía a la red hasta 12 horas seguidas. En verano se podría volcar de noche hasta las 10.00 h y en invierno hasta las 5.00 h”, dice Crespo. De hecho, durante el pasado mes de agosto, esta tecnología ha tenido puntos que superaban el 2% de contribución al sistema eléctrico desde las 21.00 hasta las 6.00 de la mañana.

“Las renovables como la eólica y la fotovoltaica dependen de que haya viento y sol. Se pueden ajustar a las necesidades de la demanda, pero sólo cortando su suministro a la red, es decir, que no pueden generar cuando no hay recurso. En el futuro mix descarbonizado se necesitará cubrir el hueco térmico, es decir, ese espacio entre la energía de base (la energía con la que se cuenta todo el tiempo, como por ejemplo la nuclear) y la demanda máxima. La energía renovable más estable para ajustar estos huecos es la hidráulica. Pero esta estabilidad también la tienen la biomasa o la termoeléctrica”, dicen desde la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA).

Crespo matiza: “La solar termoeléctrica aguanta las fluctuaciones de la red eléctrica. Tiene mucha inercia mecánica, por lo que es capaz de responder a esos huecos eléctricos. Es decir de cuadrar esa diferencias entre picos de demanda de 40GW a una hora valle en el que sólo se necesitan 25 GW. Y además hacerlo durante un montón de horas. Tiene capacidad para sustituir al gas natural cuando se produzcan picos de demanda, por ejemplo en Navidad”.

Retos

Entre los retos a los que se e